jueves, 28 de abril de 2011

Artículo periodístico

Para los que no hayan leído nunca un libro o fragmento de Oliver Sacks, os voy a tratar de resumir uno de los casos descritos en el libro: Un antropólogo en Marte. He dicho resumir es decir, simplemente me reconozco incapaz de llegar allí donde  Sacks se mueve con sencillez y profundidad.

El capitulo `` VER Y NO VER ´´ reflexiona sobre el proceso de la visión de un hombre de más de cuarenta años, y prácticamente ciego desde los dos años, debido a un problemas de cataratas y de retinitis pigmentosa. Este hombre, llamado Virgil, que es independiente en su vida y con éxito, trabajaba de fisioterapeuta, y se desenvolvía muy bien a pesar de su ceguera.
Un buen día, gracias a la operación realizada por el D. Hamlin, que consintió en operar después de más de cuarenta años, Virgil recupera la función de los ojos pero, una vez que sus ojos vuelven a funcionar… ¿Consigue él ver con normalidad? Nuestro sentido común nos dice que si, que todo lo que se necesita para ver es un par de ojos pero no es así.
Existe un periodo crítico en el que debemos abrir los ojos y utilizarnos para familiarizarnos con ellos. La alegría del paciente al recuperar la vista después de tantos años fue inmensa… pero por desgracia no duró demasiado.
Según Virgil, al quitarle las vendas de la operación, vio, pero una mezcla de movimientos, de color y luz en un remolino sin sentido. La retina funcionaba, pero el cerebro no había aprendido a interpretar lo que veía. A pesar de eso, disfrutó de su nuevo mundo lleno de colores y movimientos aunque nunca llegó a entenderlo del todo. No entendía las distancias, confundía lo próximo de lo lejano e incluso confundía a su perro y a su gato que eran del mismo color si no los tocaba. Del gato veía sus patas, la cola, pero no veía un conjunto integrado, es decir, un gato completo. Esto pasa cuando somos niños pero, sin embargo, lo aprendemos sin ningún esfuerzo. Reconocía, gracias a la asociación de los conceptos, sus dedos transmiten información al cerebro y este se la transmitía a los ojos  y por eso reconocía lo que tenía delante, tenía mucha dificultad para unir las percepciones en una sola imagen.
Y un mayor reto todavía lo presentaban los objetos animados, como las expresiones faciales y no era capaz de reconocer a la gente en las fotografías. A muchos de los que padecen de ceguera, ante la fatiga que les produce la visión, deciden volver a comportarse como ciegos y se niegan a ver… Se le exige un cambio muy grande, pasar de un mundo en el tiempo a un mundo en el espacio.
Virgil se encontró en dos mundos y en ninguno a gusto: un tormento del que no parecía haber escape posible, pero entonces se le otorgo una liberación, en la forma de una segunda y ahora definitiva ceguera, una ceguera que según él recibió como un don.
Ahora por fin a Virgil se le permitía no ver, y se le permitía huir de la luz deslumbrante, del confuso mundo de la vista y del espacio y regresar a su verdadero ser; el íntimo y concentrado mundo de los demás sentidos donde tan a gusto se había sentido durante casi cincuenta años…

Opinión personal: He decidido que mi articulo se refiriese a este tema, porque al ver la película despertares y al leer el fragmento de Oliver Sacks, me impactó muchísimo, y me tapó ese agujero que tenía sobre la ignorancia de cuando un ciego vuelve a recuperar la vista. La mayoría de las personas pensamos que cuando un ciego recupera la función de los ojos puede ver como una persona que no padece esa dificultad, pero no es así, como he dicho en este artículo, el cerebro es el que debe aprender a interpretar lo que ve, que no solo basta un par de ojos.

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